1. Raúl López Ramos.
Casi medio atardecer de jueves por la tarde, a la sombra del laurel se mecía cadenciosa y
constantemente a pesar de la irregularidad del terreno absorto en sus memorias; confundiéndose
al limite del improvisado campo amansado a machete y pie pela´o bien dispuesto para toda llanta,
pelota, bate, riña o carrera que arrastrara el día. Al fondo el murmullo vivaz de los niños de la cuadra
hoy reunidos para elevar sus barriletes coloreados por el caribe y la uvita azucarada, con sus colas
de ripios serpenteantes. La fresca brisa agitaba su cano hopito, polveando de arenilla esa piel
cuarteada por setenta y tantos años de sol inclemente.
Siempre fue viejo aquel viejo contrabandista; que en noches sin luna recorría San Antero
aprovechándose de los miedos ancestrales sembrados por el colonialismo Español;
bien ensillada su bestia, que con la cabeza cubierta y a falta de luz eléctrica transformaba en el caballo
sin cabeza.
Cada noche en que atracaba un barco lleno de perfumes y bisuterías panameñas, abría paso a la caravana
irregular un jinete, entre la soledad dejada por los testigos trasnochados que huían despavoridos,
soltaba al infinito una penetrante carcajada de ultratumba.
Aquel viejo, era mi abuelo.
Canto en silencio a la noche, del lodazal mil ideas sin freno emergen, desplegando sus dorados abanicos al infinito; confiando sus besos a una mortal estrella. Nuevamente fuera de lugar, fotografiando la estela de cuerpos desde un rincón, reciclando figuras sin aura, certeros fuegos que consumen la lozanía del alma. Sus alas se agitan al ritmo de sus caderas con lo que consigue elevarse de entre los dodos, para luego terminar de bruces con un beso violento de la tierra estampado en su mejilla. Fiel a su tiznado cuerpo, marca un ¡Si! dispuesto a todo, macerando su belleza diluida lentamente en cada intento por alcanzar el nirvana, su sonrisa sin aroma, la profunda depresión parlante de sus oscuros ojos, cubiertos del misterio horriblemente inscrito en sus cejas siempre hermosas.
La nena y su malsana costumbre de atiborrar su cabeza con material sintético, comiendo las migajas que Hansel esparció a lo largo de la senda de la creatividad químicamente apoyada ; se sienta mirando al infinito, mientras Simón asesina ratas en el callejón del orinal, la nena tiene todavía buena cara, su sonrisa se revienta contra las ventanillas del transporte urbano.
En la calle hace frío, en la calle no existe ni el balance ni la voz sincronizada, tal vez sea la oculta piel radiante y el cabello indio, lacio insinuante hasta la cintura, con lo que se encripta para prometer algo mejor. Hasta este instante he sucumbido a la martillante necesidad de halarla y violentamente arrancarla de ese extraño mundo que la absorbe cada día; eso lo dejo tras un translucido cristal reforzado de inmunda utopía; ahora solo puedo contemplarla en silencio, arañar con tantas ganas la barrera astral que nos aleja, capturar su insinuación de risa la próxima vez que surja y con paciencia esperar a que del vientre entumecido de algún murciélago extraviado re-aparezca su rostro. ¿Por su felicidad?, bueno; ahora solo queda esperar, aunque el tiempo vuela, toca sus hombros desnudos recorre los vestigios de su sonrisa y ella no nota mas su presencia.
3. EFCARISTÓ
Tomó por el cuello al chico del parqueadero, mientras gritaba, ¿donde están mis Cd`s?; la confusión en sus ojos, respiración irregular, excesiva fuerza que le permitió levantar aquel guiñapo con un solo brazo, apretando su cuello como si se tratara de una bolsa de papitas mientras este trataba de liberarse cada vez con menos fuerza, llevaba a preguntarse sobre la química que circundaba el torrente sanguíneo de este Minotauro Caribeño.
Ella vendía jamones y quesos de variadas latitudes, que convertían la boca de aquel que los imaginara en un pequeño océano preciso para paladear el graso bocado de cuidadosa concepción. A ventana cerrada y puerta abierta, habitan dos figuras, dos dichas calladas, dos que se hacen tres al paso del silencio.
Signos, muerte, sismos, nutriendo sus cerebros; hábilmente suspiran, ella ríe mientras la cabeza del macho se agita hasta graznar; luego se incorpora sentada en la cama, seca el sudor acumulado en las abundantes cejas de su navegante griego para luego levantarse, ahora a puerta cerrada escapan de aquellos que llegan cargados de pesadas cargas mundanas. En el armario una vieja Kena, envuelta en un trapito impecablemente rasgado , toma su traje de bruja medieval en donde esconde el deseo luego anuda una tirilla de seda verde al vestigio de sus caderas y se dirige hacia la habitación oscura de aire denso, predecible; y se recuesta junto a el.
4. EN SUS ZAPATOS
Los zapatos de Pier, tienen las finas formas de sus palabras, Pueden abrir la noche de cualquier cocktail, sembrando pánico entre la envidia; Se mantienen lustrosos, encantadores, vivaces. Conocen el lenguaje intimidante de la altura ausente de deseo.
Los Zapatos de esta niña triste saben como perderse en la madrugada entre la más absurda soledad, siguiendo el camino denso hacia el closet para luego ser olvidados a cambio de los nuevos zapatos de Pier, Más imponentes, radiantes, aún mas intimidantes pero igualmente olvidables.
Así conocen su destino los zapatos de Pier.
5. EL BRACITO ´E LOBO
Enjuto, cumplidor de su santo deber de divertir al nuevo mundo, el bracito ´e lobo entre el hampa se confunde, conduce su malparida condición entre las tardes asopadas de murallas, baches y charcos; se acomoda frente al volante e inclinándose exageradamente limpia su frente con la manga corta de su camisa.
Se suben dos, se baja otro, juega a las carreras su colega un rato, le enerva el coros del reclamo por su intento fallido pero constante de alcanzar la velocidad de la luz, vive con la angustia de elaborar hoy otro duelo por pasajero ausente, y según informa a viva voz su asistente cobrador; goza con la fama de pendenciero rebanador de orejas en gozones novembrinos.
Quisiera acomodar sus curiosos bracitos, como patas de lobo pollero hasta un tamaño convencional, a ver si de una vez alcanzo a imaginarlo escrutando sin remordimiento intestinos ajenos con la ayuda de media etiqueta de cerveza y vidrio, Pero la imagen que enfrento no me ayuda.
De repente un escueto un personaje de plaza , quien se extiende en verborrea, apesta a caballo trajinado y le falta por solo una muela –por perder- se llena de pena ajena y alegremente exclama, ¡Jodido haber nacido fenómeno, ¿Verdad?!.
Tomó una silla del comedor, acomodándose en ángulo perfecto con
Dado un salto te incorporas para ejecutar algunos pasos de baile del lavaplatos a la hornilla aciendo el trapero como lo haría con Miguel Morales y su indecencia nasal. tras la cortina de vapor que desprende la olla de arroz; patacones, carnecita desmechada, ¡Tu vas a volaaar!, ¡tu vas a volar!, en la radio “Tropicana” , “La reina”,el hijo de una fulana y su correspondiente fauna, los conductores del servicio publico, el "aguántalo",la llamadita al aire, el equipo de sonido al máximo, -Feed back-; Teléfono que atestigua cuando toca explicar por qué se quemó el arroz.
Avanzaba la noche, en la esquina de siempre se agrupaban ciertas almas en busca de tu aroma; tu, ajena a la sensualidad, esquivando las miradas de hipnótica intención con dirección al lecho; llenado cada expresión del mismo acierto radical con que rebanas ideas y te dejas querer en las sombras.
Tanto cabalgó la humedad sobre la oscuridad haciendo recuerdos, que repentinamente te encuentro bajo las luces amarillas con la cabeza recostada a mi hombro, silbando las viejas canciones que no se han perdido en el tiempo, tu pelo en vulnerable marea urgida de cielo; hamacando algas y peces , cuestionando a la arena.
Esperando cambiar, con la certidumbre de la espera; ahogando los tonos azules, grises, verdes, negro; que sucumbían bajo el domo aireado que permitía escuchar tu voz. Luego respiraste profundo; como si aquel instante se te fuera a escapar pronto y costara otro deja vou y un duelo y más y mas nostalgia rescatar de la selva tus orquídeas para alcanzar la orilla de otro hombro desinteresado.
8. ILUSTRES COCHEROS
HIJOS DEL IPCC
El león de Sión, la analista de carnes magras, el piloto de aviación, el mirón atento a lo absurdo;
armónicas herraduras danzantes armando melodías disociadoras de motores, pardos y cascos;
claroscuro simpático mediado por la tímida y sentida sonrisa de Alci.
Desde el trono pretencioso y señorial donde toma la mano de su mujer mulata; distingue las calles;
cagadas de erratas segregadas a lo largo y ancho de la ciudad vieja. Colorados personajes de oídos atentos,
de piel irritada.
Y...
....Su creativo guía mas personaje que aquellos, avanzando afanosamente en procura de futuras
victimas ávidas de “saber” señala la plaza “Juana Peña”, fundada por los beneméritos e inconspicuos
canales de televisión como el sitio donde se lanzó el grito de ¡mesero!, y el advenedizo fue atendido de inmediato.
Haciendo de Pedro Claver el defensor de los esclavos, de Blas de lezo un "Don", ilustre, libertador
de seis naciones; transponiendo los nombres de las calles, esquinas y oficios, a dedo indican donde
está la plaza pobre la herida por donde se desangra la cultura.
Así se ilustra al visitante; en medio del recorrido ligero, l
a atenta audiencia embelezada descubre donde se encuentra la escuela de bellas artes...
... y pintura.
9. VIERNES CON SOBREPESO
Viernes, la plaza como asiento; alrededor sonrisas de arco iris y un sobrepeso político que hurga las conciencias aplacadas haciendo la siesta bajo árboles sin nido. Las costureras ya no chismean, agujas y puntadas cruzan la tarde en silencio los sonidos de las mecedoras son murmullos calle afuera ensartando cuerpos en la acostumbrada confusión dialéctica; el circo llega a la ciudad esporádicamente.
Llanto ensordecedor de un bebé ciego, carita embadurnada de sangre, con sus ojitos perdidos, ausencia de color, desesperado grito ansiando el delicado contacto de aquella voz de género indeterminado, tacto suave que soba su cabecita cosquillea en círculos su pancita vacía variando con dulzura el tono arrullador; quien sacia su hambre y sed a quien concede su risita entrecortada, satisfecha. De quien espera abrigo convierte en su propia extensión, en ello confía...
.... instintual olfato, Boquita a medio abrir, condicionada a la primera teta que le dio a bien mamar.
¡Entonces así quedamos compañeros, ya saben , el domingo la abuelita el abuelito, el tío, sobrino, vecino y todos… A votar!.
10. EL BAILE DE COTILLONES DE LOS SERES PRESCINDIBLES.
Hubo en aquel entonces un ilustre e imponente Dinosaurio de la familia de los Carecus- nomejodus que en buen día decidió reposar en su trono hasta el fin de sus días, pues a 178 años ,6 meses y dos días de su nacimiento afirmaba dominar las 2.645 escalas del saber conocidas en el reino y que ya era tanta su sapiencia y reconocimiento a nivel planetario que se dedicaría a impartir sus enseñanzas desde los Huevecillos(as) hasta los dinolescentes (aquí no hay problema amantes del género) debido a su falta de orientación ceremonial y de concreción subjetiva; fue reconocida al la vez su auto proclamación por otros Dinocacrecos (pensando en su futuro propio) como el fundador de la honorable asociación de dinosaurios del caribe.
Antes de tomar su programado reposo vitalicio salió a caminar por la playa y pronto llamo su atención una gigantesca estrella que seguramente había caído a la tierra extraviada durante el paseo que dio la noche anterior. De inmediato se puso de rodillas con dificultad y preguntó ¿Cuál es tu nombre?, a lo que una vocecita respondió intrigada, ¿Quién anda allí?; -A lo que respondió orgulloso con su voz de emperador- ¡Soy yo Cacrecus–nomejodus quien dará a tu cuestionable valoración subjetiva del saber forma y guía!; ¡Ah, gracias al creador te he encontrado! -Dijo la estrella-, pues creo necesario que te enteres lo que los seres superiores de luz comentaban; anoche, al conocer tus intenciones pedagógicas, concluyeron que aun ignorabas algo para incluir en tus enseñanzas; -al escuchar esto exclamó orgulloso sin demostrar su intriga–¡Habla pronto, que mi tiempo es vital para el resto de la especie!.
Entonces la estrella se quedó allí sin emitir palabra alguna para siempre y el dinosaurio permaneció arrodillado en espera que el mensajero rompiera su silencio hasta el día en que murió de hambre y sed.